Corazón de piedra
Antes, mucho antes,
cuando tú ni siquiera eras grana
yo ya era toda ciudadela.
O quizá ayer, o mañana.
El tiempo enraÃza tan abajo
que es difÃcil contar los inviernos y las retiradas.
Yo ya era toda ciudadela
con toda mi roca, mi argamasa
las banderas en ristre
la muralla acorazada,
la experiencia de tantas cruzadas perdidas
y casi ninguna ganada.
Cicatrices, vendajes
y mi gran sonrisa ancha,
que lejos de estrategia de conquista
era el foso que separaba
mi dolor y mis recuerdos
de tu realidad ufana.
Ya no recuerdo quién puso la tierra
ni qué soldado abrió la ventana
o si aprovechaste una grieta en la defensa,
y cayó tu semilla dulce de haya.
Y quizá yo encendà de reojo alguna vela.
Y te bastó eso y la luz del alba.
Las raÃces crecieron tan despacio
que no despertaron alarmas
y como tú nunca fuiste de primaveras
y como los ruidos de guerra se silenciaban
se me olvidó contar los años
y le salió la primera arruga a la muralla.
Para entonces las raÃces ya eran leña
llenaste todos mis ojalás y faltas
cada costilla, cada herida, cada intersticio
lo colmaste de madera y savia
hasta el punto de que ya no se distinguÃa
la roca de la planta.
Yo ya era toda ciudadela
cuando no eras ni siquiera grana
yo era baluarte y bastida y blasón
y ahora apenas si conservo la barbacana.
Tú ni siquiera me diste la oportunidad del asedio.
Yo ni siquiera encendà ninguna almanara.
Y ahora ya no sé si me invades o si me sostienes
si me atacas o si me agarras
si me destrozas o si me refuerzas
si me quiebras o si me abrazas.
Ahora ya no sé qué es mejor para mÃ
cuando te miro y levanto el hacha.
Me sorprendo volcando mis rocas
para llevarte agua,
cuando menos acuerdo te doy suelo
para que apoyes tus ramas
incluso me enfado cuando tropiezo y caigo
y me sujeta tu empalizada.
Hago como que lucho
pero has tomado hasta las atalayas
invades de tranquilidad la colina
y ya no sé si tienen sentido las armas.
Si te soy sincera a veces añoro la contienda,
pero fue fácil acostumbrarme a tus hojas alfombradas.
Tú no estás exento, semilla intrusa,
me repito mientras me engalanas
te hubieras secado en la estepa
yo te guardé del frÃo y la helada
podrÃa haber segado aquel debilucho tallo
y ahora no serÃas más que paja.
Aunque te vi, lo reconozco,
de reojo y sin darte mucha importancia.
Cómo Ãbamos a saber los dos entonces
que hay guerras en las que ganan las dos bandas
cómo Ãbamos a olvidar los dos entonces
quién era castillo y quién grana.
Eso vino después, mucho después,
cuando tú ya eras tronco y yo fortaleza arraigada
cuando ni tu ni yo pudimos resistir la simbiosis
cuando cayó el portón acunado por tus lianas
cuando de la maraña asomaron las flores por las almenas
y lo que pudo ser ruina se hizo montaña.