Poesía

Lírica

Corazón de piedra

Antes, mucho antes,
cuando tú ni siquiera eras grana
yo ya era toda ciudadela.
O quizá ayer, o mañana.
El tiempo enraíza tan abajo
que es difícil contar los inviernos y las retiradas.

Yo ya era toda ciudadela
con toda mi roca, mi argamasa
las banderas en ristre
la muralla acorazada,
la experiencia de tantas cruzadas perdidas
y casi ninguna ganada.

Cicatrices, vendajes
y mi gran sonrisa ancha,
que lejos de estrategia de conquista
era el foso que separaba
mi dolor y mis recuerdos
de tu realidad ufana.

Ya no recuerdo quién puso la tierra
ni qué soldado abrió la ventana
o si aprovechaste una grieta en la defensa,
y cayó tu semilla dulce de haya.
Y quizá yo encendí de reojo alguna vela.
Y te bastó eso y la luz del alba.

Las raíces crecieron tan despacio
que no despertaron alarmas
y como tú nunca fuiste de primaveras
y como los ruidos de guerra se silenciaban
se me olvidó contar los años
y le salió la primera arruga a la muralla.

Para entonces las raíces ya eran leña
llenaste todos mis ojalás y faltas
cada costilla, cada herida, cada intersticio
lo colmaste de madera y savia
hasta el punto de que ya no se distinguía
la roca de la planta.

Yo ya era toda ciudadela
cuando no eras ni siquiera grana
yo era baluarte y bastida y blasón
y ahora apenas si conservo la barbacana.
Tú ni siquiera me diste la oportunidad del asedio.
Yo ni siquiera encendí ninguna almanara.

Y ahora ya no sé si me invades o si me sostienes
si me atacas o si me agarras
si me destrozas o si me refuerzas
si me quiebras o si me abrazas.
Ahora ya no sé qué es mejor para mí
cuando te miro y levanto el hacha.

Me sorprendo volcando mis rocas
para llevarte agua,
cuando menos acuerdo te doy suelo
para que apoyes tus ramas
incluso me enfado cuando tropiezo y caigo
y me sujeta tu empalizada.

Hago como que lucho
pero has tomado hasta las atalayas
invades de tranquilidad la colina
y ya no sé si tienen sentido las armas.
Si te soy sincera a veces añoro la contienda,
pero fue fácil acostumbrarme a tus hojas alfombradas.

Tú no estás exento, semilla intrusa,
me repito mientras me engalanas
te hubieras secado en la estepa
yo te guardé del frío y la helada
podría haber segado aquel debilucho tallo
y ahora no serías más que paja.

Aunque te vi, lo reconozco,
de reojo y sin darte mucha importancia.
Cómo íbamos a saber los dos entonces
que hay guerras en las que ganan las dos bandas
cómo íbamos a olvidar los dos entonces
quién era castillo y quién grana.

Eso vino después, mucho después,
cuando tú ya eras tronco y yo fortaleza arraigada
cuando ni tu ni yo pudimos resistir la simbiosis
cuando cayó el portón acunado por tus lianas
cuando de la maraña asomaron las flores por las almenas
y lo que pudo ser ruina se hizo montaña.

palabras-ansiedad

Suelta

suelta, y la orden suena a trino
me lo dices tú, que tampoco sabes dónde va este tren
que tampoco sientes los pies
tú, que tienes la espalda tan cargada
y el pecho tan hundido
me lo dices tú, con tu voz taimada
en mis oídos saturados de graznidos

suelta, y suena a niño
a gol, a giro de peonza, a bolsa de canicas
suena a primer beso, a vela en la tarta
suena a caricia y a piel desnuda
a salvavidas y a brújula
suena a pájaro cantando posado en una rama
a faro en la tormenta
suena a arrullo y a nana

suelta, y lo dices como si nada
como si no fuéramos en una montaña rusa
como si no te sobrepasara el vértigo
como si el aire no te cortara los labios
lo susurras y lo dejas caer
de forma que hasta bailan las vocales
lo dices sin más
sin ortografía ni puntos cardinales

suelta, me lo dices a mí,
con mis puños apretados, con mis ganas de rendirme
con mis lágrimas agotadas y mis párpados hinchados
mis labios de dientes marcados
mi hastío, con mi cuerpo tan vacío de destino
mi necesidad de controlarlo todo
mi angustia y mi miedo a volar
mi ausencia de fe, con mis venas secas
mi luz titilante y mis ojos de luna nueva

suelta, y haces que parezca fácil
no esquivar la vida y dejarse llevar por la inercia
suelta, y tus palmas vacías sonríen
a mis manos tan llenas de palanca de emergencia.

desdibujarte

Desdibujarte

me ha costado desdibujarte
sé que mi intención era ambiciosa
no se trataba solamente de olvidarte
sino realmente de devolver al pincel
cada trazo que malgasté
recuperar el brillo y la tela sedosa.
Era lo de menos dejar de amarte

como devolverle los pétalos a una amapola
como desquemar una hoguera
como dormir una noche en vela
como reconstruirle al mar una ola

al final, resultado ambiguo un lienzo vacío de ti mucho disolvente turbio y un par de trapos sucios llenos de contigos.

habitación 101

Habitación 101

no se ve nada
un halógeno escaso cubierto de telarañas
un escritorio donde nunca ha reposado una carta
un armario donde no tenemos nada que meter
para lo que necesitamos nos sobra ajuar
la ropa arrancada con prisas cerca de una silla desencolada
los dos desnudos sobre la cama de apenas 90 centímetros
pelusas bajo las lamas, muelles que se clavan
para dos exiliados un paraíso

no hizo falta luz ultravioleta
para ver los rastros de guerra
los cuerpos ya brillaban
su macabra colección de castigos
ambos quietos, en silencio, sin piano de fondo, sin grillos
desmantelando el baluarte
abriendo las cicatrices y los surcos
compartiendo las mellas y la sangre
así nos amamos desde lo más superficial a lo más hondo
desde la desgraciada memoria de la carne.

barquito de papel

Barquito de papel

me dijiste que era como la sombra de un ciprés
tu silueta en la playa
que era una aventura verte amanecer
sin espuma, sin sal, sin oleaje
una venus desnuda y desataviada
que no tenía nada que esconder

me dijiste que era una butaca al amor en primera fila
verte sencilla y desarmada con la marea baja
libre, cicatrizada, erosionada
un ánfora desvencijada y agrietada
colmada de ambrosía y nostalgia
y que si bebía de tus hieles
la sombra se achataba

que el sol brillaría, que vendría la marea alta
que la luz nos invadiría
y llenaría de pasión nuestra piel dorada
que las desgracias compartidas
son miedos divididos
penas desmochadas
que renaceríamos de la grieta
como la palmera y la lavanda

que con la tarde vendría la calma
después del frenesí llegaría la siesta
las miradas cómplices, las manos anudadas
que los amores vividos
son alegrías entrelazadas
que abatiríamos las olas y las marejadas
seríamos fuertes como rocas
ante la tristeza una empalizada

que desde esa primera fila
mirando los dos al mismo horizonte
olvidaríamos que a nuestra espalda
al anochecer como un ciprés
la figura de nuevo se alargaba
que la pintaríamos de blanco y azul
que solo cabría la luz
que tatuaríamos en la arena
nuestra atmósfera estrellada

y juntos nos montamos en la vida
a rendir el océano a nuestros pies
a cruzar los siete mares, sin prisa
sin dirección ni ancla ni timón
los faros, dijiste, los puertos, las atarazanas
los amarres llegarían después
en el amor, dijiste, basta un candil
y poco más que un barquito de papel.

letargo

Letargo

no sé dónde fuiste
en realidad no sé si te marchaste
porque en mi mente aún se escurren
algunas letras de tu nombre
doy la vuelta constantemente
mirando hacia atrás a cada instante
cuando una sombra cruza el camino
cuando el viento viene de cara
y me llena los oídos de susurros
de promesas insaciables

sé que estás ahí aunque no pueda verte
no es sólo mi mente esquizoide
hay demasiadas casualidades
el reflejo de tu pelo en un charco
tu perfume en las puertas del tren
alguien vistiendo tu camisa preferida
entre la muchedumbre de Gran Vía
son pequeños restos de un gran naufragio
flotando en el espacio y en el tiempo
revolviendo los remolinos de la conciencia
pecios espectrales entre la realidad serena
que devuelven el mar al cielo
y la sombra al desierto

me siguen acechando día a día
recorriendo toda la geografía de mi vida
para recordarme el punto y lugar exacto
donde muere el amor y comienza la leyenda
aunque no sé si eres tú quien me persigue
o yo quien te busco, intentando reunir
todas las piezas que quedaron en el agua
aun sabiendo que ya llegaste a la orilla
a lomos de las que me faltan

sé que estás ahí aunque no pueda verte
y si no es cierto, si te marchaste
yo estoy aquí para volver a imaginarte

cicatrices

Cicatrices

En los poemas se notan las cicatrices
y las metáforas prohibidas
las palabras de cara a la galería están melladas
los tachones recorren estrofas enteras
las consonantes no retumban igual
los versos que atravesaban corazones
se han desafilado y suenan romos
los lemas se han deformado
hasta tergiversar las acepciones.
La semántica se oculta y se hace reflexiva.

En la papelera se ven las arrugas de los descartes
las decenas de folios silenciados
todas las palabras que nunca oiremos
no sólo las que hacen daño
sino las desaliñadas, las ojipláticas
las crudas, las de verdad, las que no riman
las que no respetan ética ni gramática.

En la portada se palpan los jirones
igual que en las sábanas los arañazos y los desgarros.
Ojos de vidrio detrás de los párpados pintados.

Y yo que me muero por leer el lastre
por juntar los rotos que tiraste
no quiero ver la piel amable ni suponer en los lunares
las heridas son el idioma íntimo que nos une
los sonidos que no pronunciamos
las anotaciones al margen
lo que nos ayuda a leer en el espejo empañado
donde se dibuja tu letra más clara
y se refleja tu luz y tu desgaste.

Es ahí donde quiero encontrarte
entre lo que las vocales callan
y lo que las heridas claman.

lo que no hicimos

Lo que no hicimos

me alegra pensar
en cuanto no te he dado
en las flores que nunca te regalé
en los cuentos que no te escribí
no compartí contigo atardeceres
no cogí tu mano en mi regazo
no te miré profundo donde ambos,
de espaldas y en silencio,
nos mirábamos

me alegra recordar
que no consolé tu llanto
que nunca nos desnudamos
y que los besos
los suspiros y los cuerpos
los regalamos a otros ajenos
a otros que nada sabían
de nuestros abrazos mancos

es extraño, darte las gracias
por lo que nunca aconteció
por las noches separados
por los días vacíos
de tu olor y mis palabras
por los años vencidos
por las arrugas en el alma
porque el amor
como los secretos
como las hadas
como los deseos
a la vela apagada
se desvanecen cuando
se pronuncian en voz alta

quizá sea por eso
que sigues a mi vera, callada,
por cuanto no te di
por cuanto no me dijiste
luchando ahora mil guerras
porque, cogidos de la mano,
con el corazón nublado y entrelazado,
juntos, jamás emprendimos ninguna batalla.

soledad

Soledad

se agolpan las notificaciones como un trastero desordenado
en cajas etiquetadas con siglas, aquí los jpg, aquí los pdf
en poco menos de un palmo he encerrado los quehaceres
el estrés, las prisas, los andenes,
las estaciones enteras
los relojes, las alarmas y las esperas,
el ruido y las luces, hasta meter a la ciudad completa
me sobra todo a manos llenas.

ahora con la habitación vacía
con el universo en modo avión
sólo queda buscar paredes que no escuchen
ventanas que no graben
volver al mundo oscuro y vacío de mi adolescencia
donde se enfadaba Dios
cuando me masturbaba en mi habitación
nunca pensé que necesitaría ese silencio para escucharme
que echaría de menos estar solos para reírnos y juzgarnos
el Niño Jesús y yo.

neon

Neón

la luz de neón del hotel parpadea en la calle
a través de la ranura de la persiana
con un segundo de sombra y tres de luz
tú tienes tanta facilidad para dormir
como yo para desvelarme
y perder las horas mirando
tu rostro teñido de azul, rojo y naranja

el letrero de Hotel París rompe oscuridad de la madrugada
sus colores se pasean tatuando tu piel
la carta de ajuste de mis noches
donde calibro y hago balance;
Hotel París, azul rojo y naranja
o ciudad o bandera desacertada
yo también me pregunto si tú o yo
estamos en la habitación equivocada

mi lado de la cama queda detrás del dintel, en penumbra
como un resumen de nuestra vida
donde yo te busco en las luces
y tú me encuentras en las sombras
donde yo admiro tus claros abiertos
y tú te refugias en mis sotaventos
nuestras vidas tan ajenas y complementarias
nuestros puzles que milagrosamente casan
por tres segundos consigues sacarme de las tinieblas
por un segundo te escondo
en una oscuridad que nos iguala

como un metrónomo va de izquierda a derecha
como al tic le sigue el tac
como las blancas y las negras
tan contrarios e inseparables
juntos somos un acorde limpio, nítido, sin sonido,
pura reverberación
somos los extremos contrapuestos de un diapasón.

llamada del vacio

Llamada del vacío

p>me he asomado al borde de algún que otro precipicio
me he sorprendido a mí mismo preguntándome
si la manguera de la depuradora de la piscina
entraría por el tubo de escape del coche
y llegaría directo hasta la puerta trasera, a la ventanilla
a qué sabría una sopa con todas esas medicinas
o el horario del tren, o el peso que aguanta una viga

el filo de la navaja es demasiado fino e impredecible
no sabes de qué lado caerás cuando estás encima
creo que es como el cara y cruz, una mera cuestión de suerte
de circunstancias ajenas, del viento mismo, hasta de estadística.
Cuando uno está tan arriba
¿hasta dónde podemos asomarnos por una ventana?
¿cuál es la distancia de seguridad en la azotea?
¿a qué altura debemos poner las barandillas?

el vacío nos llama, es un hecho, nos empuja a saltar
una mera cuestión física
nada tiene que ver con pensamientos desesperados
es solo una llamada a volar, a la libertad
es un estímulo exterior, simple sintomatología del vértigo

como si cuando uno está al borde del abismo
pudiera distinguir si la llamada viene de fuera o de dentro